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Riquelme y el Barça, un amor imposible

El crack argentino ha anunciado que cuelga las botas

Riquelme y el Barça, un amor imposible
Riquelme y el Barça, un amor imposible

El crack argentino ha anunciado que cuelga las botas

| #1800674 Getty Images

Todos los indicios apuntaban a que estaban hechos uno para el otro. Antes del primer beso ya había conquistado el corazón azulgrana con una exhibición ante el eterno rival. En una época donde no existía Youtube, llegaban por televisión unas imágenes de madrugada desde Japón de un jugador diferente, de estética Barça y que, además, era capaz de humillar al Madrid pregaláctico en la Intercontinental del 2000.

Era ideal. Pisaba el balón como nadie, marcaba el tempo del partido y enamoraba con sus asistencias deliciosas. Era un líder. Con el 10 a la espalda de la mítica camiseta de Boca Juniors, el mundo futbolístico se dejó seducir ante un joven que se quería comer el mundo y que estaba a llamado a ser la referencia de Argentina en la próxima década.

Acostumbrado a ser el líder, no comprendía como el suegro holandés lo trataba como uno más

Con este panorama romántico, sobresalió por encima de todos el club más falto de amor de aquella época. Después de vivir una gran desilusión con un portugués rompecorazones, necesitaba suplir con urgencia esa espinita clavada que todavía dolía. Buscaba un nuevo amor.

Conquistarlo sólo fue cuestión de tiempo y de unos cuantos millones sobre la mesa. En 2002, llegaba a Barcelona con la afición dispuesta a dejarse enamorar a primera vista. Y en la primera cita oficial, parecía que Cupido le había clavado. Un golazo contra el Legia Varsovia en la fase previa de la Champions auguraba un romance perfecto.

Pero la relación nunca pudo ser estable. Acostumbrado a ser el eje, no comprendía como el suegro holandés lo trataba como uno más y le exigía aspectos que no dominaba. Él era un alma libre, un romántico del fútbol que rehuía compromisos más serios. Los meses fueron pasando y la llama se fue apagando sin que ninguna de las dos partes hiciera nada para reconducir la situación.

Al llegar el verano de 2003, la casa que le había citado cambió de arriba abajo y aquel antiguo amor fue rápidamente sustituido por una nueva promesa. Lucía también el 10 pero era brasileño y una fuente de seducción por todos los lados. Jugaba con alegría, desbordaba con pasión y lo acompañaba todo con una sonrisa deslumbrante.

Desencantado y olvidado, el argentino hizo las maletas sin hacer ruido y continuó su carrera en equipos no tan exigentes como el Villarreal y Boca Juniors, donde brilló cuando todos los que le rodeaban trabajaban para él. Esta fue la clave para la que nunca encajó el Barça Juan Román Riquelme. Un amor imposible.