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Bienvenido Mr. Messi

Ramiro Martín nos habla de la figura del crack argentino

Bienvenido Mr. Messi
Bienvenido Mr. Messi

Ramiro Martín nos habla de la figura del crack argentino

Hoy se cumplen diez años del debut oficial de Leo Messi. Ha pasado tanta agua bajo el puente que ni siquiera el estadio donde se estrenó, Montjuïc, está hoy activo para el fútbol. A quien sustituyó, Deco, no juega más en el Barça; tampoco está en el club el entrenador que le envió al campo, Frank Rijkaard. Las ausencias multiplican el carácter histórico del evento. La efeméride disparará solemnes expresiones periodísticas, detalladas revisiones estadísticas y opiniones como ofrendas sinceras hacia alguien que, efectivamente, cambió el club.

Como todo gran referente, Messi es un espejo que nos muestra como somos.

Todo esto se leerá entre hoy y mañana. Oda a Messi, como en su día a Platko. Para hacer lo que hacen los demás, ya están los demás; de manera que, aprovechando la ocasión que da el aniversario, he preferido detenerme ácidamente en los vicios adquiridos tras consumir la perfección futbolística proveída por Leo año sí, año también hasta alcanzar una década.

Como todo gran referente, Messi es un espejo que nos  muestra como somos. Como somos en este caso ante la perfección. Nunca habíamos visto a nadie jugar de esa manera. Y no se trata de debates, sino de concreciones: no ha habido en la historia del fútbol un jugador capaz de sostener su genialidad por tanto tiempo. El ‘espejo Leo’ nos ha mostrado como somos realmente cuando, un día, acaso en Munich, acaso en París, acaso en Valladolid, Messi no fue Messi. Claro que se le puede criticar, como a todos. Pero en las malas se acabó por constatar que los méritos de Messi no contemplaban en la memoria de la opinión publicada ningún tipo de almacenamiento, ninguna forma de margen de comprensión, ni de agradecida piedad ante un mal partido.

¿Estábamos preparados para vivir algo como la llegada de Messi? Lo dudo cuando está instalada la idea de que el argentino “se paseó” la temporada pasada. ¿Se paseó? Para no desfallecer de tristeza, he preferido entender esa consideración como una muestra de que estos diez años han cambiado para siempre la historia del fútbol: sólo así se puede entender que un aficionado, tertuliano o periodista puede acusar de pasearse a un jugador que ha marcado más de 40 goles.

La tarea era titánica. El fútbol, puro presente, nos retó a convivir con la historia estos diez años. Y, en general, no hemos sabido más que pedirle siempre un diez al diez. Y hemos chillado cuando le hemos visto humano. Hoy falta menos para que, una vez lejos, una vez despedido, pongamos en contexto sus regalos y le consideremos, ya sin la vulgaridad de los días, un rayo misterioso e irrepetible.